Hay edades que necesitan espacio
La fotografía infantil en Alcorcón no consiste en pedirle a un niño que sonría a cámara. Consiste en dejarle espacio para ser él mismo
Hay niños que disfrutan sentados y tranquilos. Y hay otros que necesitan correr.
Necesitan tocar las cosas, subirse a los troncos, llenar los bolsillos de piedras que nadie sabe para qué sirven y convertir cualquier paseo en una aventura.
Esta tarde fue una de esas. No había un plan. Ni un recorrido marcado. Simplemente fuimos caminando y dejando que el camino decidiera por nosotros.
A veces la infancia es tan sencilla como eso.













La etapa de descubrirlo todo
Hay una edad en la que todo parece nuevo. Una rama caída puede convertirse en una fortaleza, un charco es una invitación y un río es algo que hay que cruzar aunque nadie lo haya pedido. Los niños no necesitan demasiado para imaginar mundos enteros y quizá por eso esta etapa me gusta tanto. Todavía viven sin pensar demasiado en el siguiente paso. Están donde están, hacen lo que les apetece hacer y convierten cualquier rincón en una aventura. Lo curioso es que los adultos solemos olvidar cómo era mirar el mundo de esa manera, y seguramente por eso después resulta tan difícil recordar con precisión aquellos años.
Una tarde de fotografía infantil en Alcorcón
La tarde empezó jugando en la arena y, sin darnos cuenta, acabó convertida en una pequeña expedición. Aparecieron troncos que había que cruzar, escondites que explorar y caminos que parecían llevar a algún lugar importante. Hubo momentos tranquilos y otros en los que parecía imposible seguirle el ritmo. A veces se detenía para observar algo que había encontrado y dos minutos después ya estaba corriendo hacia otro sitio completamente distinto. Todo fue sucediendo de forma natural, sin pedirle que hiciera nada concreto y sin intentar convertir la tarde en una sesión de fotos. Cuando un niño está ocupado siendo niño, las fotografías aparecen solas.
También forman parte de la historia
Con el paso de las horas llegaron también los abrazos, los juegos con mamá y papá y esas pequeñas escenas que parecen normales mientras ocurren, pero que con el tiempo terminan teniendo un valor enorme. Muchas veces creemos que vamos a recordar siempre estas cosas: cómo corrían, cómo se reían o la forma en la que buscaban refugio en los brazos de sus padres cuando estaban cansados. Sin embargo, la memoria tiene la costumbre de quedarse con lo importante y dejar escapar los detalles. Y, curiosamente, son esos detalles los que más echamos de menos cuando pasan los años.
Por eso disfruto tanto de la fotografía infantil en Alcorcón, porque cada sesión acaba siendo distinta a la anterior.
Lo importante no son las fotos
O al menos no solamente las fotos. Lo importante es poder volver algún día a una tarde que parecía cualquiera y descubrir que en realidad no lo era. Recordar cómo era su cara, qué cosas le llamaban la atención y la forma en la que se movía por el mundo cuando todo estaba todavía por descubrir. La infancia no se puede detener, pero sí podemos conservar pequeños fragmentos de ella. Y a veces eso es exactamente lo que terminan siendo estas fotografías: una forma de volver a una etapa que pasó demasiado rápido.
Si quieres ver más sesiones, puedes visitar la página de Retratos de la infancia.
