Este reportaje infantil en la naturaleza empezó como empiezan muchas de mis sesiones: sin un plan demasiado cerrado y dejando que los niños sean simplemente ellos. Aquella tarde, un viejo columpio de neumático acabó robándose todo el protagonismo.
Eso fue exactamente lo que pasó esta tarde con Luca.
La idea era muy sencilla: llevar un columpio de neumático para que tuviera algo diferente con lo que jugar. Un pequeño detalle para despertar su curiosidad.
Lo que no esperaba era que los primeros en querer probarlo fueran sus padres.
Y, sinceramente, fue mucho mejor así.







Cuando los adultos vuelven a ser niños
Siempre digo que las mejores fotografías aparecen cuando dejamos de intentar hacer fotografías.
Empiezas jugando cinco minutos. Después alguien empuja un poco más fuerte. Llegan las risas.
Empiezan las carreras. Y cuando te das cuenta ya nadie está pendiente de la cámara.
Ese es el momento en el que realmente empieza el reportaje. Porque los niños no necesitan demasiadas instrucciones. Solo necesitan permiso para jugar. Y los mayores… muchas veces también.
Cuanto más juego, mejores recuerdos
No busco que un niño mire a cámara durante dos horas.
Prefiero mil veces que se manche, que se balancee demasiado fuerte, que se ría, que invente historias o que acabe completamente despeinado.
Porque esas son las fotografías que dentro de diez años seguirán diciendo exactamente cómo era.
El columpio solo fue la excusa.
Lo importante fue todo lo que ocurrió alrededor.



















En un reportaje infantil en la naturaleza nunca llevo un guion cerrado.
Nunca llevo un guion cerrado. A veces aparece un río. Otras veces un árbol perfecto para trepar.
Y otras, simplemente, un neumático que termina convirtiéndose en el protagonista inesperado de la tarde.
Eso hace que cada reportaje infantil sea diferente. No repetimos poses. No repetimos juegos.
Eso es precisamente lo que más me gusta de un reportaje infantil en la naturaleza: nunca sabes qué recuerdo será el más importante.
Cada reportaje infantil en la naturaleza es distinto
Al final todo consiste en pasarlo bien
Si la sesión empieza haciendo el gamberro, normalmente solo puede ir a mejor.
Más juegos. Más risas. Más abrazos. Más momentos imposibles de preparar.
Y precisamente por eso merece la pena fotografiarlos.
Porque la infancia no necesita ser perfecta.
Solo necesita ser de verdad.
Si quieres saber cómo son estas sesiones, puedes ver toda la información sobre mis sesiones infantiles en la naturaleza.
