Así nacen estas sesiones de retrato infantil
Estas sesiones de retrato infantil tienen algo especial.
Son tardes tranquilas, sin prisas, donde todo fluye. Donde jugamos, hablamos… y en medio de todo eso, aparecen las fotos.

De dónde sale todo esto

La mayoría de mi trabajo ocurre fuera, en el campito.
Pero esta parte nace en casa.
Tengo dos canijos.
Y al mayor, Mateo, le tengo frito a fotos.
Siempre han sido fotos suyas jugando, a su bola, sin decirle qué hacer.
Pero una tarde pensé: “¿y si pruebo algo distinto?”
—Mateo, ven un momento, ponte ahí… quiero probar una cosa—
Y salió una foto diferente.
Más limpia. Más directa. Más él.
Ahí empezó todo.
Qué busco en estas sesiones de retrato infantil
No quiero niños posando como mayores, (pero en alguna también es divertido, parte del juego).
Quiero niños siendo ellos.
Por eso las sesiones son cortitas.
Una hora, hora y media como mucho.
Jugamos, nos reímos, nos vamos conociendo…
y poco a poco, van apareciendo esas fotos que hablan de ellos tal y como son ahora.
Sin adornos.
Sin distracciones.
Cada niño trae su mundo
Aquí no hay un guion cerrado.
Si le flipan las pelis, que venga disfrazado.
Si le gusta elegir su ropa, que lo haga.
Si es de dar patadas a las piedras… que traiga una.
La idea es que haya algo suyo en cada foto.
Algo que, dentro de unos años, tenga sentido.
La importancia de lo sencillo
Aquí la luz es clave.
La cuido mucho.
Porque es lo que hace que una foto sea limpia, tranquila, sin ruido.
Nada de fondos recargados.
Nada que distraiga.
Lo importante son ellos.
Y al final… pasa algo bonito
Después de unas cuantas sesiones, lo tengo claro.
Llegan tímidos.
Se sueltan.
Se meten en el juego.
Y cuando te quieres dar cuenta, no se quieren ir.
Y en medio de todo eso, salen fotos que merecen la pena.










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Un saludo,
y a ser FELIZ.
